2 dic. 2009

MI FE EN CHRISTO

En el college nos informaron sobre un artista que solicitaba ayudantes para su nuevo proyecto. Era un artista conceptual que trabajaba con el medio ambiente. Yo no sabía quién era, ni que hacía, pero como estudiante de arte, me pareció interesante la experiencia y llené una aplicación. Unas semanas después, recibí un sobre rosado que contenía mi aceptación, también rosada, como obrera de Christo.

Sin embargo, la aceptación y realización del proyecto Islas Rodeadas en la bahía de Biscayne, no fue fácil. Grupos ambientalistas y entidades del gobierno se negaban a la intervención del medio ambiente y contaban con sólidos argumentos en su contra. Por mas de dos años Christo se dedicó a la tarea de convencerlos de las virtudes del proyecto: les aseguró que el delicado balance marino no sería alterado, que los nidos de las aves serían respetados y que los manatíes no morirían estrangulados por una soga suelta, entre otras consideraciones. Irónicamente, al arribar a las islas, se descubrió que estaban repletas de basura, escombros e indigentes vivían en ellas.

Era la Miami de los años ochenta; la ciudad de cuestionable reputación donde no sucedía mucho, y si sucedía, era negativo: los embates de los carteles de la droga, los refugiados del Mariel, las manifestaciones raciales en Overtown.

Superadas las trabas y obtenidos los permisos, la instalación de la tela rosada comenzó en Abril de 1983. El primer día nos reunimos en el embarcadero de la 79th Causeway. Asistimos a la presentación del proyecto y a un sermón ecológico. Allí conocimos a Christo y su esposa Jeanne Claude, quienes delinearon nuestra labor, nos asignaron las islas y salimos de este primer encuentro todos colorados, con franelas, cachuchas y guantes rosados.

Diariamente halamos, cargamos, y atamos la tela rosada de fibras de polipropileno desde unos 200 pies en el agua, hasta la orilla. Cuando la tela se atascaba y no se deslizaba sobre la superficie del agua, subíamos a un bote de goma e intentábamos desenredarla sin poner un pie sobre las hierbas marinas. Mientras tanto Christo, con megáfono en mano, navegaba en bote dando órdenes.

En una oportunidad, el aire se coló por debajo de la tela y esta se alzó por el aire cayendo y dando latigazos sobre el agua. Christo gritaba con y sin megáfono y agitaba los brazos en todas direcciones. En la orilla, siguiendo sus instrucciones, tratábamos a duras penas de sujetar la soga enloquecida. Agitado y con las greñas semi-plateadas alborotadas, Christo parecía que se tiraba del bote para remediar él mismo nuestra ineficiencia. Domada la tela, el artista recobraba la calma y desaparecía hacia otra de las once islas.

El último día, cuando todas las islas quedaron vestidas con sus faldones rosados, subimos al puente de la 79 y vimos el más hermoso de los contrastes entre el cielo, el mar, la tierra y el rosado fluorescente. La bahía se iluminó y Miami sonrió como no lo había hecho en mucho tiempo. Durante dos semanas hubo un ambiente de fiesta y una ilusión contagiosa. Turistas, curiosos y amantes del arte se asomaban a los puentes, a los balcones o se acercaban en bote a admirar la obra de Christo.

La muerte de Jeanne Claude la semana pasada, me trasladó a la Miami de hace tres décadas. Qué lejana se percibe la ciudad por la que Christo y Jeanne Claude pasaron brevemente en 1983. Era una ciudad de tráfico ligero; las plantaciones de fresas comenzaban en la 107 avenida en Kendall; Lincoln Road en Miami Beach, estaba clausurada; Ocean Drive ahora tan llena de vida, era una hilera de hoteles descoloridos donde los ancianos conseguían la paz de su retiro, viendo la brisa marina pasar; Coconut Grove era una villa de artistas y hippies. Y qué afortunados fuimos de que un artista sin pretenciones, pero con una gran pasión, convicción y constancia nos escogiera y nos halagara con su obra.


Posdata:

Tomé muchas fotos. Tristemente para la época tenía una clase de fotografía y mi Pentax estaba cargada con un rollito Tri-x-pan (film blanco y negro). No quedó evidencia del colorido. (Demostrando con ello, mis pocas cualidades como reportera gráfica)

2 comentarios:

  1. ¡Qué lujo Maribel! También lamenté la muerte de Jeanne Claude, ella trabajaba codo a codo en los espectaculares montajes de Christo.

    ResponderEliminar
  2. Me distancio de la tarea de otorgarle méritos.
    Pienso que el trabajo de Jeanne Claude era esencial: se encargaba del area monetaria y utilizaba todos su buenos contactos para llevar adelante los proyectos de Christo en base a la venta de sketches y dibujos, entre otras cosas. En 1994, en una entrevista, Jeanne Claude se convierte en artista al azar. El web site de Christo enfatiza, a regañadientes que los proyectos de Christo han sido siempre de ambos.
    Para mi el proyecto de Miami fue de Christo. Jeanne Claude debió permanecer haciendo su buen papel "behind the scenes", distanciada del titulo de artista.

    ResponderEliminar