17 ago. 2012

LAS OFRENDAS EN HOBIE BEACH










Hace unos años,  en una visita a  las Islas Sanibel y Captiva en el golfo de México -antes de la intervención ecológica de British Petroleum- disfrutábamos de un fabuloso día de playa cuando inesperadamente nos vimos envueltos en un ritual religioso. No muy lejos de la orilla, un bote mecía abordo a un festivo grupo. Repentinamente, las niñas estaban rodeadas de pétalos de rosas. A lo lejos, los recién casados eran homenajeados con un brindis. Fue, sino divertido, diferente. Al día siguiente, otro bote navegaba la misma área. Minutos más tarde, las niñas salían del agua cubiertas y escupiendo lo que parecía ser arena. Era ceniza de una cremación. Fue tragi-cómico.

Desde  entonces nunca más me vi involucrada en ceremonias o rituales religiosos sin haber sido invitada de antemano. Hasta que comencé a caminar por la playa de Hobie Beach. La pequeña playa en la bahía de Vizcaya, mejor conocida como la playa de los perros, y que tuvo una remodelación millonaria hace un par de años, se ha convertido en un centro de  adoración y ofrendas.  

 Cada día voy con la expectativa de lo que encontraré.  A veces son sandías  con un hueco de borde quemado en su centro, donde  presumo colocan una vela encendida. En otras oportunidades son frutas frescas sueltas o en cestas; o ramos de flores bien atados con  cintas de colores; o rosas  empujadas por el viento.  En estos días vi una torta para  la virgen de la Caridad del Cobre con una dedicación escrita que no supe descifrar. La ofrenda tenía una interesante composición de pastel y vela pegada con cinta adhesiva. Al día siguiente regresé con mi cámara, pero llegué  tarde; las ratas se habían comido la torta y arruinado la ofrenda. Era un mazacote de torta, arena y vela derretida.

 Las ofrendas a Yemayá, la diosa del mar, protectora de los niños y la maternidad son, por lo general, azules. Las ofrendas a Ochún son amarillas y están asociadas al amor, la belleza y el matrimonio.  Las de Changó, quien representa la fuerza de la naturaleza, guía hacia el buen camino,  son rojas. Estos dioses o deidades son también venerados por brasileños, haitianos, dominicanos, pero fueron mis amigos cubanos quienes me ayudaron a revelar sus colores.

Aunque las  frutas frescas y la flores rompen el esquema común de una playa,  por ser de tipo orgánico no parecen contaminación; armonizan con la naturaleza. Las disfruto.

Antes no ponía atención, pero desde que comencé a pensar en esta reseña estoy más pendiente y veo gente con bolsitas paseando por la playa esperando una oportunidad para colocar su regalos sin ser observados. Hace un par de días, tres mujeres colocaron un melón en la orilla y se quedaron allí,  imagino que pidiendo. Y una pareja ofrecía un ramo de flores azules, mientras un niño se bañaba muy cerca.

 Antes eran los perros y la típica contaminación playera. Ahora, las frutas que no se comen los indigentes, los pájaros o las ratas, se pudren en la arena y se suman a la contaminación. Además de los animales desmembrados que son un peligro para los pies descalzos. 

Necesitamos un gran acto de fe para que en el anuncio a la entrada de la playa se prohiba, además de las bebidas alcohólicas,  los envases de vidrio y la música alta, los rituales que atenten contra la salud, la higiene y la seguridad de quienes visitamos la  playa. Mientras tanto caminaré  pendiente de no torcerme un tobillo pisando una fruta o arruinar un pedido. Cual carrera de obstáculos.


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