20 feb. 2017

Fábricas de libros


       
        El trabajo del escritor -que muchos consideran hobby- es  de hormiguita.  Los textos pasan por  innumerables etapas y cientos de  revisiones antes de ser libros. Como manuscritos, durante su infancia y adolescencia literaria, son leídos por grupos de crítica - cual hormigas legionarias- quienes los escrutinan minuciosamente; son sometidos a examenes de eses y otras crueles pruebas; son descuartizados por despiadados caníbales de tinta roja; son atacados por padres y educadores con la espada de la moral y la convicción de la urgencia de una moraleja. Algunos textos sufren una de-construcción o colapsan sin chance de recuperarse y se resbalan  por un despeñadero literario del que ya no se puede salir. Sin embargo, en algunos casos, ¡milagro! un rústico manuscrito se va puliendo con cada revisión de la colonia literaria y se convierte en una joya.
Pero aún no es libro. Y aquí es donde la cooperación termina. Si el manuscrito  pasa el umbral de la editorial, se puede considerar muy afortunado. El editor examina el texto ya maduro y de su decisión depende que el escritor se convierta en autor. En este largo proceso, escritores y editores desechan los manuscritos que no cuajan, no cuentan con la calidad que un lector merece cuando invierte dinero y  tiempo en  un libro. Ese filtro debería ser la norma. 

      Ahora las dizque editoriales dañan la reputación de las editoriales serias.  De ellas se reciben  invitaciones a publicar, como se recibe junk mail. Los que solicitan manuscritos no son editores; son vendedores. Estas fábricas de libros proponen la “co-edición”: el escritor paga la impresión y ellos se encargan de la distribución y promoción del libro con la promesa de que el autor recibirá un 40 % de los derechos o regalías lo cual, según ellos, “…hace que sea sumamente fácil recuperar la suma adelantada para la adquisición de los ejemplares”. La realidad es que el escritor no solo pagará la impresión de su libro sin editar; también la promoción  correrá  por su cuenta, será el producto de su trabajo de venta, porque  distribuir un libro colocándolo en un par de librerías locales u ofreciéndolo en formato E-book, no es distribución como la fábrica de libros hace creer.   Good luck with that!
    La proposición incluye una aportación económica (entiéndase pago; lo que importa es el cash)  para la promoción, realización de presentaciones, escritos, etc. que se limita a 2800  €.
250 libros a 2800 euros = 11.20 euros x libro.
Entonces, el escritor crea un manuscrito, lo edita, paga por la publicación, promueve el libro y obtiene solo el 40 % de las ventas.   Se me ocurre la palabra parásito. Esos organismos que viven de otros chupándole la savia, la sangre… 
     Las fábricas  de libros  aprovechan la vulnerabilidad de los escritores que prueban su suerte intentando publicar y los envuelven en el tema de la auto edición y otras modalidades. Con la “co-edición”, se distancian  de la auto edición y el Vanity Press, términos un poco abusados en  los últimos tiempos y no  bien vistos por los editores. Los escritores, agotados de  mendigar oportunidades y ser rechazados, deciden auto publicar sus libros,  la única salida para unos manuscritos en vías de encajonamiento. (Parece una grosería, pero no lo es... aunque   debería serlo). Esperanzados, invierten dinero y tiempo en historias que  niegan perder. Y en ocasiones, crean sorpresas literarias.
Por otro lado, las mismas fábricas  publican cualquier cosa que les llegue mientras se pague por ello, sin importar la calidad. Las fábricas  irrespetan  a ambas partes: a lo escritores, burlándose de su labor en pro de la cultura y la educación,  y a los lectores haciendoles perder  tiempo y dinero con la adquisición de libros mal escritos, sin editar de cualquiera que se lanza a la aventura de querer ser autor, sin haber sido primero  escritor. Lo que falta es que surjan sweat shops, talleres de explotación laboral con escritores trabajando 24/7, durmiendo en colchonetas debajo del escritorio.
Yo no sé si la oportunidad de publicar con una editorial  de probada calidad, sólido legado literario,  que compense y valore el trabajo serio, llegue para todo escritor. Parece preferible ofrecer los manuscritos a una revista literaria, que entregarlos a oportunistas como estos.
Dos recomendaciones: escritores, no regalen su trabajo a cualquier mercader de libros. Si su decisión es la auto publicación, escojan muy bien su verdugo. Lectores, compren libros de probada calidad editorial, porque mucho de lo que  hay por ahí, es producto de estas  fábricas de libros, que no les importa mucho la procedencia de lo que publican. 
      





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