27 jun. 2012

LA FIESTA DE 50 SOMBRAS










      Melanie se presentó como una especialista en romance. Experta en 50 sombras de Grey específicamente, el best seller  que revolucionó la cama de millones de mujeres.  Inspirada y aprovechando  el boom que produjo el libro, promociona artículos  eróticos.

         Para romper el hielo  la presentadora pidió  que colocáramos una hoja de papel sobre nuestra cabeza  y dibujáramos un órgano masculino.  A continuación nos  sentó alrededor de una mesa llena de cajas y botellas y  durante una hora  nos habló de sus beneficios  en pro de la  estimulación. Sugirió  que probáramos las pociones mágicas que cambiarían el curso de una triste relación. Lociones que devolverían la pasión, aceites que elevarían  la libido, cremas y esponjas vibradoras  que incrementarían el disfrute.

      Luego, la experta romántica nos presentó unos instrumentos que, a mi parecer, lucían poco románticos. Literalmente fucking-scary.  Algunos tenían ojos,  alas, rabos, orejas y se movían en todas direcciones como poseídos. Tenían nombres  de inocentes animalitos como el Rabbit Pearl (famoso en la serie Sex and the city, cuando Charlotte, al adquirirlo, no sale de su casa en una semana);  el Slumber Bunny o el Bunny Pulsatrón tan intimidantes y agresivos que daba miedo manipularlos. Algunos incluían    luces, perlas rotatorias  tres, cuatro, cinco velocidades y tres diferentes vibraciones. Lo único que faltaba era que dijeran "I love you", "dale mamacita" o cualquier frase apropiada de acuerdo  al gusto particular del usuario.  Solo una de las muestras  tenía forma  y textura tan anatómicamente perfecta, que parecía real; aunque con propiedades  biónicas.

      Melanie  exhortó a la calma, que no nos alarmáramos. Nos aseguró que eran productos aprobados por la  Administración de Alimentos y Drogas, que eran veganos, sin aditivos, libres de gluten,  Kosher, bajos en sodio, cero calorías,  diez años de garantía y que con su compra, un dólar sería donado a una asociación protectora de las mujeres afligidas por no sé qué  sufrimiento, (quizás  sean víctimas de alguno de estos monstruitos)
Llamaron la atención las lociones con feromonas para atraer al sexo opuesto  (vía  olfato) y las famosas bolitas de Ben Wa, usadas por Christian Grey tan seductoramente  en la conocida historia, ahora bien recataditas y decorosas dentro de una cajita de joyas.

      Estas presentaciones son solo para mujeres. Melanie dice que los hombres se vuelven  locos y hacen  chistes pasados de tono, comienzan frotándose las lociones y terminan haciéndose proposiciones unos a otros. Muy intenso.    Agrega que las mujeres por lo general son más prudentes, y aunque durante la presentación algunas se lamieron los dedos saboreando los "gel edibles  anti-gag" y otras entraron al baño y se embadurnaron con crema las zonas erógenas, (donde existe la mayor ramificación nerviosa del cuerpo: orejas, pies) y salieron caminando como pingüinos, debo aclarar que todas se comportaron a la altura; ninguna hizo una escenita y en la mesa  fueron unas damas. Me pidieron encarecidamente que mantuviera sus identidades anónimas; que tenían una imagen y una reputación que proteger.

     Había productos para los maridos y novios en formato  kit de viajero, y ninguna estuvo interesada. Todas coincidimos que se las podían arreglar solitos.
Al final cada una salió con una bolsita, unas grandes, otras pequeñas.  Hubo de todo un poco. Dos mujeres discutieron por un accesorio grotesco denominado el Hummer, alegando que tú lo necesitas más que yo. Una le regaló a  otra un aparato que solo utilizó dos veces y le advirtió  que de no gustarle, se lo devolviera.

      Atrás quedaron  los Tupperware parties, las fiestas  Mary Kay, la venta de ropa interior erótica  colombiana y la despedida de soltera con strippers.  Esta fiesta  rompió el esquema. Fue interesante compartir con un grupo de mujeres la legitimización de nuestra sexualidad, de nuestros deseos y la  exploración de alternativas que promuevan la satisfacción  individual, de pareja, etcétera, etcétera, etcétera.










      Atrás quedaron  los Tupperware parties, las fiestas  Mary Kay, la venta de ropa interior erótica  colombiana y la despedida de soltera con strippers.  Esta fiesta  rompió el esquema. Fue interesante compartir con un grupo de mujeres la legitimización de nuestra sexualidad, de nuestros deseos y la  exploración de alternativas que promuevan la satisfacción  individual, de pareja, etcétera, etcétera, etcétera.








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