7 mar. 2009

RECORRIDO


Cae un palo de agua bíblico y mi bendito carro tiene los limpia parabrisas rotos. Apenas veo la vía, aunque en Flagler no hay mucho que ver. Es una calle lánguida, llena de semáforos, comercios de acera y larga como un sermón. En algún inesperado momento de su recorrido se divide en dos y una calle corre en sentido sur y la otra, hacia el centro de la ciudad, mejor conocido como el Downtown.


En el centro y justo antes de cruzar el río, existe aún un grupo de casas originales de la época de Flagler mismo, el fundador y padrino de la ciudad de Miami; son unas estructuras de madera que, gracias a Dios, se encuentran escondidas de la vista de los ¨developers¨ de la ciudad.


El río de Miami, fuente inagotable de aguas amoniacales, acoge algunos botes de pesca y muchas barcazas cargadas de bicicletas robadas y colchones de segunda con destino a Haití. Obviamos la existencia de este pobre diablo. Le damos la espalda al río, pero bendecimos las playas.

Hacia el sur, la pintoresca Calle Ocho. En algunos tramos muy cultural y recatada, en otros divinamente pecaminosa. En la avenida trece, entre los árboles escondida, está Santa Bárbara en su altar callejero. A su alrededor hay algunos trabajitos anudados, cocos, incienso, tabaco y ron.



Maribel de la Mora

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